
Profundizamos en el tema de las Vanguardias porque a partir de ellas se abre una brecha en el concepto y en la percepción de lo que puede ser el arte y su relación con nuestros modos de vida en una sociedad de consumo. El vanguardismo nace de un contexto histórico que no solo concierne a las sociedades industriales del mundo anglosajón de la primera parte del siglo XX sino también aunque en diferente medida y ritmo a todas aquellas sociedades que sufren algún proceso de modernización. A la búsqueda de innovación y libertad se suma la necesidad de buscar nuevas relaciones entre el arte y la vida social, entre el arte y la vida cotidiana, entre el arte y el imaginario colectivo. La vanguardia como fenómeno social y político-cultural atraviesa la época de lo moderno para intervenir como lectura fuerte de la crisis y la crítica de su tiempo.
El sueño de las vanguardias históricas es integrar el arte a la vida también puesta de manifiesto por el dadaísmo. Es hacer desaparecer el arte como una experiencia autónoma. El arte en manos de artistas. Todo arte moderno y de vanguardia cuestiona de distintas maneras la época y su arte institucionalizado y es a partir de ese cuestionamiento, de ese febril experimentar, de ese trabajar con el lenguaje, de ese procurar otras escrituras que se constituye otro tramo del arte entre 1910 y 1940.
La vanguardia estética, política es el presente en estado absoluto, es esa carga moderna donde el presente solo puede comprenderse como futuro ya llegado antes de lo previsto, antes de que el conjunto tome conciencia, antes de que la totalidad de la sociedad despierte. La vanguardia aparece como una aceleración de la historia donde todo pasa a ser inmediato. (tomado de: El tiempo de las vanguardias artísticas y políticas)
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