El Origen de la Tragedia

El Dios Apolo

Apolo de Licia (en el Louvre)

Concepto Trágico en Nietzsche

“Así, por ejemplo, continúa Nietzsche, el cristianismo rechaza la presencia de Dioniso en el hombre(9) . El cristiano es incapaz de aceptar sus ámbitos dionisiacos para más tarde transfigurarlos en belleza, sencillamente los niega, y por eso miente, y quien miente oculta la verdad. También Sócrates es, en este sentido, un mentiroso: “Y no se nos debe ocultar ya lo que se oculta en el fondo de esta cultura socrática, la ilusión sin límites del optimismo”(10) . En cambio, el artista se vuelca sobre sí mismo hasta llegar al fondo de sí. Ese viaje al interior que se efectúa mediante la creación artística le permite descubrir y describir la dualidad que lo habita(11) . Conoce la humanidad en sí mismo, lo universal en lo particular, lo objetivo en lo subjetivo. Leer a Shakespeare es leer la condición humana en sí misma, encontrarse con Hamlet es encontrarse con las fibras íntimas de todo hombre. Nietzsche utiliza un poema en El origen de la tragedia que lo explica mejor:

En las ondas suaves
de un océano de dichas,
en la armonía sonora
de las ondas vaporosas embalsamadas,
en el tormento infinito
de la respiración universal,
asumirse -abismarse-,
¡inconsciente, suprema dicha!

La ilusión artística permite encontrarse con Apolo y Dioniso en un clima de transfiguración que desemboca en la verdad originaria, en lo objetivo, en lo universal. Pero, advierte Nietzsche, sería absurdo dejarse engañar por una ilusión vulgar. Hace falta arremeter violentamente contra ellas y plantarse sólo frente a las ilusiones nobles. Arte contra cristianismo, el prototipo de la ilusión noble y la ilusión vulgar. Incluso la filosofía es un arte(12) . ¿Qué entiende Nietzsche por arte? Toda creación humana que nos habla del fondo de la vida. Todo aquello que manifieste el carácter dionisiaco y apolíneo de la vida(13) “. Tomado de E. G de la G

“(…) un estado de ánimo musical («El sentimiento carece en mí, al principio, de un objeto determinado y claro; éste no se forma hasta más tarde. Precede un cierto estado de ánimo musical, y a éste sigue después en mí la idea poética»). Si ahora añadimos a esto el fenómeno más importante de toda la lírica antigua, la unión, más aún, identidad del lírico con el músico, considerada en todas partes como natural – frente a la cual nuestra lírica moderna aparece como la estatua sin cabeza de un dios-, podremos ahora, sobre la base de nuestra metafísica estética antes expuesta, explicarnos al lírico de la siguiente manera. Ante todo, como artista dionisíaco él se ha identificado plenamente con lo Uno primordial, con su dolor y su contradicción, y produce una réplica de ese Uno primordial en forma de música, aun cuando, por otro lado, ésta ha sido llamada con todo derecho una repetición del mundo y un segundo vaciado del mismo; después esa música se le hace visible de nuevo, bajo el efecto apolíneo del sueño, como en una imagen onírica simbólica. Aquel reflejo a-conceptual y afigurativo del dolor primordial en la música, con su redención en la apariencia, engendra ahora un segundo reflejo, en forma de símbolo o ejemplificación individual. Ya en el proceso dionisíaco el artista ha abandonado su subjetividad: la imagen que su unidad con el corazón del mundo le muestra ahora es una escena onírica, que hace sensibles aquella contradicción y aquel dolor primordiales junto con el placer primordial propio de la apariencia. El «yo» del lírico resuena, pues, desde el abismo del ser: su «subjetividad», en el sentido de los estéticos modernos, es pura imaginación. “

“… El escultor y también el poeta épico, que le es afín, están inmersos en la intuición pura de las imágenes. El músico dionisíaco, sin ninguna imagen, es total y únicamente dolor primordial y eco primordial de tal dolor. El genio lírico siente brotar del estado místico de autoalienación y unidad un mundo de imágenes y símbolos cuyo colorido, causalidad y velocidad son totalmente distintos del mundo del escultor y del poeta épico…”

Tomado del Capitulo 5 de El Origen de la Tragedia

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